De todos cuantos he leído, “El oso que no lo era” es mi libro favorito. No sólo cuenta la historia trágica de un oso obligado a trabajar, retrata la pura tragedia de trabajar per se.
Cuando el oso despierta de su siesta invernal y sale de la cueva, descubre que el bosque ha sido derrotado por una fábrica. Allí es confundido con un trabajador. La historia, que además está soberbiamente ilustrada por Frank Tashlin, es una versión moderna del viaje a las Ítacas. El pobre oso –nuestro héroe- es convencido de no ser tal, si no ‘un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles’. Se desata entonces la crisis ontológica del oso, quién, al ser increpado por no trabajar, contesta:
“Pero mire, todo es un terrible error. Que yo recuerde he sido un oso toda la vida”
Tristemente, ni a él ni a mí nos funcionó esa excusa. Comienza de esta forma, la resistencia heroica del oso contra el trabajo. Noble tarea.
Y aunque al final la historia reivindica al oprimido, en el fondo, se trata en realidad del triunfo del hedonismo sobre la tiránica jornada laboral: el oso vuelve a hibernar, mientras que la fábrica, cierra. Bonita enseñanza para aprender en Primero ‘B’.
Agarrar C.M. No récord del mismo estante en donde tenía a El Hobbit, unos thrillers de Katzenback y un libro de cuentos de Borges no fue difícil. Ese día me levante rocanrolero y ganoso de aprender a tocar un instrumento, algo que no lograré en poco tiempo seguro… “bahhh, mejor tomemos un libro que experimente con mis ganas y me las tiro de músico frustrado entre las letras” me dije. Ah, y como funcionó.
Lo de C.M. es algo raro. A veces no termina de cuajarme como un buen libro (lo que no le quita meritos a su impecable estilo de escritura), tal vez las historias que allí se encuentran narradas son merecedoras de más páginas; tal vez el texto si logra lo que busca: que uno quede con ganas de más (si es que era esa su propuesta). La suerte de diario músico-fetichista en que se convierte esta novela, narrada en parte por Vicente, un algo inocente pero muy envalentonado chico de 17 años, y en otras por un espectador sin nombre que parece obsesionado con la figura de Lucas Alcázar (seguro que ese es el caso de Juan Álvarez, escritor del libro), se vuelve tan vivida como relato leído que, casi naturalmente, se convierte en anécdota, en una historia real contada al oído en una fiesta roquerita donde abundan los mitos y leyendas de artistas urbanos.
“Pero y qué, cuénteme más, qué pasó con esos tipos” es lo que yo le diría a “ese relator” en el caso de que la historia me hubiese sido contada como dije. Los detalles contados por Álvarez sobre el nacimiento de C.M. (Candidatos Muertos) como banda son muchos y están bien armonizados por las constantes musicales en cada página, pero su final es tan corto y abrupto que me hace recordar las últimas dos páginas de Drácula de Bram Stoker (lo que no significa que esté mal) o mejor aún, a la nota de prensa explicando el final de The Beatles en el primer álbum de McCartney. Solamente soy un adicto a las buenas historias y está, aunque parece hundirse por su propia simpleza, se perfila como uno de los mejores libros del años gracias a sus pocas pretenciones y a su astuta seguidilla de eso que el autor llama “el complot sónico”, una guerra entre lo que significa hacer buena música y lo que deberían o no hacer los verdaderos músicos.
Indudablemente es un libro recomendado. Muy fácil de leer y sin complejidades de ningún tipo (algunos poco conocedores del rock nacional se verán obligados a buscar ciertas canciones en su youtube más cercano… bueno, también los más conocedores). Ya terminó Rock al Parque, pero si quiere algo más roquero que un cierre de ChocQuibTown seguramente C.M. no récord le abrirá los ojos.
Hace ya muchos años que me encontré por casualidad con esta novela. Iba a la deriva caminando entre los estantes de la biblioteca y ahí estaba, como esperándome. No había oído hablar ni de ella ni de su autor. Me dejé seducir por el título, por el gordo estrambótico que aparecía en la carátula y por algún párrafo leído al azar… Luego de las primeras diez páginas creí que sería una lectura simpática pero tal vez irrelevante: una serie de personajes excéntricos cuyas vidas mediocres se coloreaban esporádicamente con situaciones absurdas quizá podrían ofrecer 380 páginas de lectura sosegada. Sin embargo, a la altura de la página 50 ya estaba irremediablemente aburrido. Era la aburrición de alguien obligado a seguir con cuidado la vida rutinaria de su vecino. Los personajes que al principio se veían interesantes comenzaban a desdibujarse en medio de lo que yo inicialmente juzgué como una infinidad de insignificancias. Estuve incluso a punto de abandonar la lectura… Sin embargo, un inexplicable sentimiento de respeto hacia el libro me obligó a continuar. Pensé también que una novela que ha ganado el Premio Pulitzer no podía ser tan mala…
Llegué a la página cien y entonces comencé a comprender: lo mío era la impaciencia de un lector caprichoso, porque la forma de narrar era el recurso más adecuado que el autor había podido encontrar para contar su historia: sin esa narración pausada nada habría resultado verosímil; y aún más: los personajes habrían terminado convertidos en una serie de caricaturas más bien grotescas. Unas cuantas páginas después supe que “la Conjura de los necios” tenía una maestría narrativa similar a la de cualquier novela de Dickens. Casi todos los elementos de la historia estaban cuidadosamente dispuestos para contribuir al desenlace, nada era gratuito. La novela hacía una contorsión esplendida para morderse finalmente la cola.
La acción transcurre en Nueva Orleans, con sus calles vibrantes de jazz y de gente de raza negra. Ignatius J. Reilly, protagonista de la novela y uno de los personajes más memorables de la literatura de las últimas décadas, es un hombre de treinta años, enorme e inimaginablemente gordo, que luego de terminar la universidad se encierra en su habitación para dedicarse a la redacción de una vasta obra que denuncie la atrocidad del siglo XX. Un siglo que va mal porque carece de teología y de geometría. Ignatius es un onanista frecuente; escribe incansablemente en sus cuadernos Gran Jefe; vive en la casa de su madre; no trabaja y tiene serios problemas con su válvula pilórica, lo cual lo hace víctima de repetidísimas y sonoras flatulencias. Creo que está completamente loco, como Don Quijote, con quien muchos quieren compararlo. Junto a él nos encontramos con un puñado de personajes también extraviados en sus propias vidas: Mancuso, un policía demasiado torpe que nunca logra hacer un arresto a pesar de que va por las calles de Nueva Orleans pretendiendo camuflarse ataviado con los más absurdos disfraces; Jones, un negro que para evitar la cárcel debe aceptar un trabajo como barrendero por el cual recibe menos de la mitad del mínimo; Gus Lavy, un millonario agobiado por su padre muerto, cuya memoria se perpetua en la patética fábrica de ropa interior que le dejó por herencia; La Señorita Trixie, una anciana que se pasa la vida durmiendo en su puesto de trabajo y soñando con el día de su jubilación… Un personaje que merece una mención especial es el de la antigua novia de Ignatius y su alter ego, la ultra feminista Mirna Mirnkof. Él la detesta, y desearía ser un negro enorme para “empalarla” con un miembro especialmente descomunal, pero no puede evitar mantener con ella una extraña relación epistolar… Ambos están igual de mal de la cabeza y emprenden cruzadas para la defensa de disparates tales como la moral y la decencia.
Todos los personajes de “La Conjura de los Necios” son ridículos casi hasta la risa, sin embargo, son a la vez tan humanos que en ocasiones dan ganas de llorar. La historia de su autor, John Kennedy Toole, también es conmovedora y raya en el absurdo.
“La Conjura de los Necios” fue escrita hacia 1962 luego de que su autor prestara servicio militar en Puerto Rico. Kennedy Toole envió el manuscrito a numerosas editoriales pero fue rechazado unánimemente, lo cual le produjo tal impacto psicológico que en 1969, a los 31 años y profundamente deprimido, se suicidó seguro de su incompetencia como escritor.
Luego de su muerte, su madre, Thelma Toole, encontró el manuscrito y se empeñó en encontrar quién lo publicara, lo cual logró en 1980 gracias al apoyo decidido de Walker Percy, quien vio en la novela la genialidad que los demás necios editores habían preferido ignorar.
“La Conjura de los necios” ganó el premio Pulitzer y se convirtió en un gran éxito editorial en varios países. Hoy es considerado uno de los grandes clásicos de la literatura en la segunda mitad del siglo XX. Yo sencillamente lo considero uno de los libros más entrañables que he leído en la vida.
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Una novela anticatólica muy lógica
A lo largo de la Biblia durante siglos existen personajes malditos como Judas Iscariote, Eva y por su puesto Caín uno de los más famosos. En esta novela de José Saramago entrega de nuevo su visión acerca de hechos bíblicos. El Nobel portugués a lo largo de trece capítulos desbarata, a través de una deliciosa lógica, los argumentos de Dios frente a los episodios más relevantes de la historia católica sagrada y los cuales han sido casi imposibles de cuestionar por cualquier ser so pena de ser exiliados del cielo eterno y de la vida terrenal.
Caín comienza con la historia de sus padres Adán y Eva y desde las primeras paginas el lector disfruta de la prosa ágil, directa y poética del autor quien le lleva de la mano de forma también irónica y satírica proporcionando argumentos que cuestionan hechos tales como el destierro del paraíso, el asesinato de Abel, el sacrificio de Isaac, Sodoma y Gomorra, la Torre de Babel, Job y terminado con el Arca de Noe. Texto enriquecido
En esta novela el lector puede percibir como Caín se encarga de mostrar una cara distinta de Dios. Una cara casi como la Janos,el dios griego de dos caras, en donde este dios deja de ser omnipotente para tomar aspectos sombríos humanos. En justo debate Caín cuestiona los hechos de Dios su autoritarismo y por ende la injusticia. Es inevitable no plantearse una analogía entre los sistemas autoritarios y sus injusticias en la vida real.
Finalmente, Caín llega a un acuerdo con Dios para desbaratarle sus planes y de esta forma negarle un victoria de frente a tanta injusticia para volcar a Dios como víctima de su propio invento. Asi entonces Caín puede llegar a compararse con el Prometeo posmoderno.
Esta novela que ha dado la vuelta al mundo ha merecido para Saramago bastante criticas especialmente por los miembros de la Iglesia Católica etiquetándolo de ateo. Sin embargo Saramago, que en paz descanse, seguro esgrimirá una sonrisa de satisfacción ante la fidelidad que siempre guardo a sus creencias y de que como fiel a si mismo pues nunca le importo llevar en su frente el estigma que a la vez es estigma de libertad de pensamiento plasmado a través de la escritura.
Todos en la novela, preguntan al narrador si conoce a este tal Tyler Durden...
Con un tono mordaz y hasta cínico, el narrador de esta novela nos recuerda que todos podemos ser un Tyler Durden en potencia. Si, les hablo de Tyler Durden, un narcisista que cansado de las leyes del consumismo, toma conciencia de la estupidez del mundo actual.
Llevada al cine por David Fincher, esta primera novela del estadounidense Chuck Palahniuk nos lleva por caminos insospechados hasta un final aún más inesperado. Tyler Durden, alter ego del protagonista, aquel que se ve en la imaginación del narrador -cuyo nombre desconocemos- como todos querríamos vernos, hace el amor como todos querríamos hacerlos y tiene el éxito y la determinación de la cuales el narrador carece.
La historia de este "terrorista del servicio de restauración" comienza con el insomnio y las eternas noches blancas. Para salvarse de este mal, un día decide asistir a grupos de ayuda de gente con enfermedades terminales o incurables; cáncer en los testículos, glaucomas, Estos grupos son su salvación hasta que un día ve aparecer a esa "pequeña herida en la punta de la lengua" llamada Marla Singer y de vuelta al insomnio. Sin embargo, nuesto narrador o mejor Tyler, encuentra otro método más eficaz de autoayuda con reglas mejor definidas, pero más peligrosas: primera regla del club de la pelea es no hablar del grupo de la pelea. Segunda regla del club de la pelea es no hablar del grupo de la pelea. Tercera regla del club de la pelea es nunca hablar del grupo de la pelea. Ahora este nuevo grupo de ayuda, que posteriormente se convierte en la cabeza de un proyecto para boicotear a gran escala el sistema bancario, es el ejercito que conformará Tyler para darle un nuevo sentido a su existencia.
Tyler Durden y Marla Singer son dos personajes contemporáneos que reflejan el sin sentido de un mundo acelerado y vacío; son el reflejo de una sociedad cuyos valores se encuentran en los catálogos de IKEA y en la soledad de un sofá confortable. Tyler nos enseña que nunca hay que estar completo, que somos los pequeños bailarines cantantes del mundo, que no somos modelos perfectos de Dios, que todo lo que creemos poseer acabara por poseernos, que no somos ni nuestro trabajo, ni nuestra cuenta corriente, ni el carro que tenemos, que no tenemos que saber que algún día vamos a morir, y hasta que no lo entendamos eso, somos inútiles.
Sin duda alguna, es uno de los mejores libros de Colombia, con una narración fresca y transparente, el lector le cede el paso a la imaginación con Rudecindo Cristancho, campesino pobre, con esposa y dos hijos. Es un minero en la miseria, con sueños como cualquier otro, un ignorante sin posibilidad de avance económico, y con miedos. En este libro se ve el idealismo de la prole, de la sociedad sacrificada y sufrida del país. Fernando Soto Aparicio le concede al lector una completa fotografía de la Colombia de esa época (eso sí, no hemos avanzado mucho), es una mirada a un mundo lleno de burgueses y de pobres (mas los segundos que los primeros), la narración está llena de un vocabulario caracterizado por la época; campesino y cantado. El abuso es evidente. En la narración se deduce a leguas que la novela tiene un carácter revolucionario, lo deja entender el mismo Rudecindo con sus pensamientos reflexivos e ideológicos, con su rabia, con sus ganas de cambio, con esas ansias de una guerra en contra del abuso.
Todo ocurre en un pueblo minero llamado Timbalí a donde llega la familia con ganas de emprendimiento, esta, es una familia del común del proletariado: sin trabajo, sin riqueza, con hijos que alimentar, y sin puertas por abrir. Sumidos en la pobreza y con dos hijos a bordo, Rudecindo busca trabajo como minero en la compañía que está a cargo de extraer el carbón en las montañas, desde que llega a las oficinas, descalzo, mal vestido, sucio y con un hablado miserable y tímido entiende que el pueblo gira en un torbellino lleno de desniveles morales, al mando de unos extranjeros sin corazón y explotadores.
Todo el argumento causa un interés total, desde los eróticos pensamientos de Rudecindo por Cándida, hasta el espíritu valiente y guerrero de Pacho, su hijo de tan solo 12 años.
Es inevitable no estar atento al desenlace de la obra, todo influye para el lector: la narración, el vocabulario, los tiempos, los espacios..., ninguna idea queda sin entender, ninguna queda suelta. me sentí cautivado por el desenlace de la historia, nuestro protagonista termina mal - como muchos en ese tiempo-, y su mayor miedo al final se cumple (si leen el libro, ya me entenderán). Vuelvo a reiterar, es uno de los mejores libros Colombianos.
"Lo que, en síntesis, constituye la felicidad, conforme la conciben muchos. Esa felicidad material, esa satisfacción de los sentidos: agua para el sediento, pan para el hambriento, ropa para el desnudo, cama blanda para el fatigado, consuelo para el afligido.... Todos corriendo tras de la felicidad. Y ésta siempre esquiva, inasible, porque detrás de cada sueño realizado hay otro para realizar" (p. 9).
"Recordó que no tenia un centavo y avanzó. Debía desterrar de su pecho esos temores ridículos. El era un hombre como todos los demás. Como todos no... Porque allí entraban unos señores elegantemente vestidos, fumando, hablando... Y él no estaba bien vestido, ni fumaba, ni siquiera podía hablar porque la voz se devolvía, se enredaba en su garganta y amenazaba con asfixiarlo" (p. 14).
"-¡Qué cosa tan horrible! ¿Sumer... Usted, compañero, no tiene miedo?
-¿Y quién no? En cualquier momento de la vida el miedo nos llega. En una pelea, el de sucumbir. Cuando tenemos dinero, el de perderlo. Y cuando no lo tenemos, el de morirnos de hambre.
-¿Y ahora?
-Es indudable que el miedo existe, pero debemos disfrazarlo, darle alguna explicación." (p. 55).
En medio del encanto y la imaginación, MARIESTRELLAS, de Carlos Colon Calado está destinado a convertirse en un icono de las historias infantiles.
El libro que muestra el profundo amor de su autor por la niñez, Cartagenero, Padre y Abuelo nos permite viajar por el mundo de las fantasías de una niña del litoral Caribe y sus amigos.
El lenguaje poético y el desarrollo de la historia donde se resaltan valores primordiales de las relaciones de los seres humanos hacen de esta narración una inmejorable experiencia para el lector infantil y para aquellos adultos que aún resonamos al niño que llevamos dentro.
El inicio de la vida ambientado magistralmente en una playa solitaria bajo el cielo estrellado, es el inicio del libro y el inicio de Mariestrellas, la bienvenida que los elementos de la fantasía dan a esta niña cierran el primer capitulo con un maravilloso poema que resonará a través de toda la historia.
La búsqueda de Mariestrellas de su amigo con sus dificultades y peligros será el hilo conductor del relato, una maravillosa aventura infantil.
MARIESTRELLAS de ediciones B, perfectamente escrito y muy bien diagramado se convertirá en referente para tener en cuenta por quienes quieran asumir la utópica labor de escribir cuentos infantiles.
Vampiros tan bellos como Rimbaud en Transmilenio – 'El Ladrón de Cuerpos' de Anne Rice y otras aventuras con viejitas locas.
Leer sobre vampiros no es una nueva moda. Los vampiros no nacieron como una explosión de hormonas adolescentes, ni mucho menos del cine (aunque sea este el que nos haya dado las imágenes más vivas y majestuosas de ellos). Seguramente no muchos estuvieron de acuerdo con el ahora cliché del vampiro refinado y elegante que creó Polidori en su célebre relato “El Vampiro”, que luego pareció afamarse con la obra de Bram Stoker “Drácula”, inspirada en parte en la historia del conde Vlad Tepes. Pero juzgar a un lector simplemente porque lee un libro de vampiros es otra cosa.
Terminé de leer la semana pasada “El Ladrón de Cuerpos” un libro que esperó muchos años para llegar a mis manos y que quise devorar desde que, casi de un tirón hace un par de años, terminé los primeros tres libros de la saga de ‘Crónicas Vampíricas’, me atrevo a decir, un clásico de la literatura contemporánea escrito por la muy preparada Anne Rice.
Me encontraba leyendo las últimas páginas en un Transmilenio en Bogotá, cuando una señora que se sentó a mi lado no pudo evitar leer la contraportada de mi libro. Entonces, luego de un bufido parecido al de los toros (caballos si se quiere) la señora me suelta: “¿qué pasa que todos leen de vampiros? ¿Ahora todos quieren ser vampiros? ¿se quieren vestir como vampiros? ¿Usted también quiere dar susto? ¿Salir medio desnudo a la calle?”. La señora se baja del transporte y sigue hablando sola… está bien, me soltó todo eso de medio loca, pero ¿no han ido demasiado lejos los últimos escritores sobre vampiros?
Si la señora y yo estamos de acuerdo en algo es en esto: los vampiros son hoy un fenómeno juvenil exagerado, que raya los límites de lo sensual para convertirlo en sexy (que no es lo mismo) y que, luego se convierten solamente en moda. No se imagina ella la cantidad de diálogos existenciales, descripciones fantásticas y trivialidades embellecidas que puede encontrar en los libros de Anne Rice, una experta en historia que además se toma el atrevimiento de crear vampiros “elegantemente sensuales” y no “vulgarmente sexys”.
Volviendo al libro, una continuación de la saga que empezó en “Entrevista con el vampiro”, continúa con “Lestat el vampiro” y “La reina de los condenados” hasta llegar al título que nos compete, lo que inicia como una discusión existencial sobre “lo moral” en la vida vampírica, nos pasea luego por interesantes teorías sobre la existencia del bien y del mal, de Dios y el diablo, hasta convertirse en una cacería llena de experiencias sin ningún tabú sexual ni moral y detalles tan bien descritos que se hacen casi perceptibles.
¿Vampiros que brillan y salvan adolescentes? No, nada de eso encontrarás en los libros de Rice, que explota la figura de Polidori y Stoker desde dentro, creando vampiros más introspectivos, reflexivos y, si se quiere, humanos, conscientes del error, la belleza, el caos y la divinidad, como no es imaginada desde Rimbaud.
Una obra muy recomendada para las tardes lluviosas de Bogotá, y hasta para los domingos asoleados en el parque. Una obra que se queda y no que pasa por moda. Una que debe leerse en presencia de todas las viejitas locas del país.
Su primera novela fue publicada en 1994 bajo el nombre de Asuntos de un hidalgo disoluto, seguida de otras cuantas en las que estánBasura en el 2000 haciéndolo merecedor del premio Casa de América de Narrativa Innovadora,Angosta en el 2004 galardonada por mejor novela extranjera en China en el año 2005 entre otras. Héctor Abad ha sido un escritor destacado no solo por su labor literaria sino por la Corporación Héctor Abad Gómez que pertenece a su familia. Creo que para reseñar su vida y obra, me harán falta mas letras.
Traiciones de la Memoria es la puerta a tres relatos en la vida de Héctor Abad, en un diseño sencillo y cautivador, acompañado de fotografías que endulzan la mente del lector.
El primero, comienza con el tesoro encontrado en el bolsillo de un cadáver, el de su padre, que es el soneto -que le da nombre al reconocido libro El olvido que seremos-firmado con las famosas siglas J.L.B. que le da rienda suelta a toda una aventura por el mundo para confirmar que el poema es un inédito de Borges y asegurar que no es un buen apócrifo. En este relato se cruza con el poeta Harold Alvarado Tenorio -quien dice haberlo escrito- y el escritor tolimense Wiliam Ospina. Desde Turín, Italia, hasta Mendoza, Argentina, Héctor Abad aumenta la búsqueda de los personajes que estuvieron presentes en la época de ser entregado el poema, y el cual fue pasando de mano en mano hasta ser publicado en un librillo de autores anónimos. Al final, Héctor Abad sale victorioso, logra demostrar que el papelillo encontrado en el bolsillo de su padre muerto, es efectivamente un poema de Jorge Luis Borges.
Un camino equivocado es el nombre que le da a una pequeña autobiografía. Todo o casi todo -yo diría que todo- narra desde que llegó a Turín en Italia debido a una amenaza en contra de su vida. Es el vivo ejemplo del refugiado colombiano en un país despreciador de esta casta, es el típico compatriota sin un solo centavo en un país en el que no es bien recibido salvo por un clan de amigos de los D.H que lo logran proveer de algunas comodidades. Esta experiencia es bien escrita, en un estilo muy suyo y también fresco.
Ex futuros es un corto ensayo sobre lo que pudimos ser y no fuimos, aquí se borda una idea que se toma desde el papel de escritor (mentalizarse en ser otros, en los personajes, sentirlos, vivirlos), después se contextualiza a El querer ser otro de Jorge Luis Borges. La idea es sencilla pero compleja, algunos según Héctor Abad pudimos ser algunos, y ahora somos otros:
"Todos esos que no soy y que pude haber sido están en alguna parte que tal vez no quede mucho más allá de las paredes de mi cráneo." (p. 265)
La idea reflexiva con la que termina este híbrido ensayo es casi que perfecta, logra hacer pensar que en la época previa a la madurez (entiéndase como sentar los pies sobre la tierra que vivimos) podemos elegir quienes podemos ser, y como podemos ser.
"Cuando uno sufre de esa forma tan peculiar de la brutalidad que es la mala memoria, el pasado tiene una consistencia casi tan irreal como el futuro" Héctor Abad Faciolince.
Portada de El ruido de las cosas al caer, novela de Juan Gabriel Vásquez.foto:editorial Alfaguara.
"Hay un ruido que no logro, que nunca he logrado identificar: un ruido que no es humano o es más que humano, el ruido de las vidas que se extinguen pero también el ruido de los materiales que se rompen.Es el ruido de las cosas al caer desde la altura, un ruido interrumpido y por lo mismo eterno, un ruido que no termina nunca"
Precedida de los brillos y titulares del premio Alfaguara, y yo rompiendo mi conducta de avesado lector: no leer libros de premio, leí de una sentada; mejor, varias sentadas, porque el texto es tramador, y a uno no lo deja aburrirse. Así cumple su cometido, lo cual debe ser la esencial condición de toda novela: no aburrir al lector. Además, El ruido de las cosas al caer, hermoso y poético título cumple ya una vieja premisa básica que debe tener toda novela: hablarnos de las cosas que sólo la novela puede decirnos, y aquí se trata de la intimidad de las vidas de los personajes. Para más señas, que sufren las consecuencias de sus decisiones privadas que van a derivar en vidas que se frustran, donde nacen criaturas, y sus madres contaron una versión, lo más parecida a las historias de los cuentos infantiles que igualmente lo tiene.
El narrador nos cuenta el rollo de esas vidas atravesadas de mentiras. Frustraciones de una época signada por las bombas de lo que se llamó el narcoterrorismo y sus violencias. Tratándose de Colombia nunca se sabe qué grupo violento le dió por poner las bombas, así éstas también provengan de oscuros agentes del propio estado.Sobre todo miedo: el miedo de morir porque sí, al voltear cualquier esquina de una calle transitada como verdaderamente ocurrió en la ficción al narrador. Pero no nos relata un thriller en el mejor de los sentidos de una novela criminal.No. Antonio Yammara es un profesor universitario de derecho, ironia notable, por cierto;(la novela está llena de contrastes: Maya, es dueña de un apiario); que por ese gusto que muchos hombres comparten juegos, en este particular caso: el billar, se hace amigo de Ricardo Laverde, que está pintado muy bien como personaje eje de toda la trama novelesca. Y desarrolla la anécdota de este hombre enigmático, que con él, y en el pasado remoto de sus antepasados, se irá al principio de la aviación colombiana-la parte histórica muy sustancial, y bien contada del relato- y con ello nos va desgranando los episodios de cómo Colombia se fue por el despeñadero al poner a una generación y cruzarla en el ojo del huracán de un problema algido en los últimos treinta años: el inicio privado del narcotráfico y su contraparte:la guerra contra las drogas.
Y la presencia fantasmal, de Pablo Escobar Gaviria, tristemente célebre, por haber implementado el tráfico de cocaína en una escala industrial, y por consiguiente, ante su arrogancia criminal y sanguinaria ya por todos conocida y repudiada. Y de esa decadencia derivada en su hacienda en ruinas, es un hipopótamo cuya noticia de su sacrificio da la chispa para arrancar con el relato, donde el narrador hace vividos homenajes a la aviación: no son gratuitos los epígrafes de Saint- Exupéry y de la poesía de Aurelio Arturo. Con una prosa cuidada llena de aciertos literarios de singular belleza: "...quitó el forro de la mesa, no de un tirón, como lo hacen otros billaristas, sino doblándolo por partes, con meticulosidad, casi con afecto, como se dobla una bandera en un funeral de Estado"; de resonancias muy poéticas, en páginas tras páginas del relato, con un tono poético y poetizado que tiene mucho del tono de El otoño del patricarca, lo mismo el homenaje a esa otra novela que está equivocada en su portada con la letra e puesta adrede al reves, que es el portento bíblico de la narrativa latinoamericana titulada Cien años de soledad. Crítica elocuente a su ciudad, Bogotá: "ciudad de gente solapada y ladina".Las descripciones de los pisos térmicos de los climas de Colombia alcanzan una cierta poética de la humedad y el calor, ha propósito de la ola invernal que sufrimos recientemente.
Vásquez ha asumido con toda responsabilidad de novelista- si es que los novelistas tienen alguna responsabilidad social, que no es otra que escribir bien- la trama de una novela que inicia y sigue el hilo de contarnos los fragores íntimos que derivó el narcofráfico en muchísimas vidas, en una generación completa, en un país, que sufre el estigma como el lastre de ser una potencia universal en el tráfico de este alcaloide.
Pero aquí no se trata de una consabida trama detectivesca de una novela negra y criminal, sino en la investigación y puesta en escena de los episodios íntimos de unas vidas anónimas, que veían en los noticieros de televisión y oían en la radio el estallido de las bombas y los asesinatos de notables como una cosa ajena e indiferente; recoge, creo: algo así como nosotros de rumba mientras el país se derrumba, de allá afuera hasta que le toca en carne propia vivir y vivimos esta parte trágica y violenta en las vidas reflejadas desde la intimidad, que Vásquez lo hace con mano maestra.
Excelente novela para empezar a comprender este fenómeno, que aun sigue y seguirá siendo leitmotiv de análisis, en este caso de vidas humanas, como corresponde al territorio libre y extenso de una novela con mayúscula.
El ruido de las cosas al caer.Juan Gabriel Vásquez.Premio de Novela Alfaguara 2011. Editorial Alfaguara.259 páginas. 41.000 pesos
Es 1911. Tolstoi ha muerto hace un año y Kafka escribe desesperadamente, pensando que el destinatario será en definitiva, su amigo Max Brod; James Joyce aun no publica el Ulises y Proust pule todavía su magnum opus, À la recherche du Temps perdu que se publicará en 1913.
En una remota provincia de Buenos Aires, la capital Argentina, nace Ernesto Sábato. Argentina se ve inundada por una diáspora de europeos que se embarcan hacia el sur, para arribar a un ilusorio destino.
Poco tiempo atrás Ernestito, el noveno vástago del linaje de Francisco Sábato y Juana María Ferrari, había muerto: por eso, el penúltimo hijo que acaba de nacer, recibirá el nombre de su difunto hermano. Esto puede explicar quizá, esa morbosa vocación estética por lo tanatológico, lo escatológico, el pesimismo irónico y el sentido de lo trágico, que se halla en la faz más honda de su obra y de la condición humana. Siendo niño aun, el destino le pondría delante, en el Colegio Nacional de La Plata, al escritor Pedro Henríquez Ureña, influencia decisiva en su futura carrera literaria. Cuando Ernesto se hace hombre, en 1929, sucede un acontecimiento literario mayor: cuando cae Wall Street, Norteamérica ve nacer una corriente autodenominada “generación perdida”.
Sábato, con dieciocho años, entra a estudiar ciencias físico-matemáticas en la universidad de la Plata. Ambicioso de experiencias, inquieto por saber qué era esa nueva corriente ideológica revolucionaria, entra a la Federación Juvenil Comunista, donde luego es nombrado secretario. Con el tiempo comienzan a germinarse en él dudas sobre la doctrina. Percibiendo sus temores, el partido lo envía a Moscú; en el trayecto aprovecha para ir a Bruselas para representar a Argentina y decide huir a París, entendiendo que el viaje a Rusia no tendrá un final feliz.
Allí, en la cuidad luz, un humilde conserje, también comunista, dirá Sábato tiempo después, le enseñaría el verdadero significado de la fraternidad humana. En un cuartucho humilde, consigue una cama y abrigo contra las inclemencias del frio y el hambre. Allí, en París, escribe su primer intento narrativo La Fuente Muda. Retorna a Buenos Aires y se casa con
Matilde Kuminsky.
Es enviado de nuevo a París gracias a una beca conseguida por Bernardo Houssay, para hacer investigaciones en el Laboratorio Curie. Inmerso en el mundo incorruptible y perfecto de las ciencias, se desencanta de todo ello al encontrarse frente a frente con los surrealistas, con los que elaboraba cadáveres exquisitos en la nocturna bohemia de los cafés. Abandonando definitivamente la física se dedica de lleno a la literatura, en su retorno hacia Argentina.
Escribe Uno y El Universo, en 1945 y en 1948 El Tunel, novela de corte psicológico que fuera rechazada en varias editoriales, luego publicada en la revista el Sur, y elogiada por Albert Camus, quien propone a Gallimard publicarla en francés. En 1951 publica Hombres y Engranajes obra de estructura similar a la de 1945. Presa de su afición purificadora del estilo literario a través del fuego, Sabato confesaría que de no ser por Matilde, su mujer, sobre Heroes y Tumbas, su segunda novela de una suerte de trilogía sobre el alma humana, no habría sido publicada. Obra de grandes ambiciones, narrada en un estilo polifónico, desde distintas perspectivas, narra la decadencia espiritual de una familia y su subsiguiente fin trágico. Algunos han querido ver en ella una trasposición de la Argentina de ese entonces. En esta novela el escritor alcanza cotas de honda profundidad metafísica y psicológica; poéticas y místicas. Sin esta novela el panorama literario hispanoamericano, no seria el mismo.
Abbadon el Exterminador, es algo así como la saga de la anterior, y fin perfecto de su trilogía. Novela de corte totalizante, incluye al propio Sabato como uno de sus personajes. Es la novela que en sus propias palabras le costó mayor trabajo.
2011. Dispuestos a celebrar sus cien años de vida, nosotros sus ahora huérfanos, sentimos como en el poema de John Donne, epígrafe de Por Quién doblan las campanas de Hemingway, que quedamos disminuidos con su muerte, aunque esperada, abrupta.
Requiescat in Pacem, Sabato.
Es la undécima novela de este autor brasileño, Rubem Fonseca, un verdadero maestro de la consición con la palabra, desde su primera novela, El caso Morel. La historia es de un asesino a sueldo que decide ; después de cierta fatiga con el crimen pagado, retirarse. Pero fuerzas oscuras no lo dejan salir de su antiguo y eficaz oficio de sicario.
La historia es envolvente, y de una precisión en la estructura, que me hizo recordar los viejos thrillers de los denominados, de la época dorada del cine negro norteamericano de los años cuarenta y cincuenta. Es más, sentí la historia como si Fonseca la hubiera dejado con esa aura de color sepia, de las películas de época, -y qué época- en ese cromatismo del blanco y negro.
La trama lo va llevando a uno de la mano maestra de este narrador eficaz, con las decisiones de este asesino que no tiene reato, que no se arruga ante ningún asesinato, sea hombre o mujer; -y sin caer en contar la historia tal y cual se sucede en la prosa contundente y precisa- fue seminarista- que nos salpica, através de sus breves páginas toda una serie de sentencias en latin de muchos autores romanos, citas atrayentes y filosóficas sobre la condición humana. ¡Ah! Y los sicarios colombianos, nuestros tristemente célebres asesinos a sueldo, tienen su mención, que sale de la boca del propio Zé; así se llama el personaje central, los valora diciendo: " son sujetos de la peor calaña". Ni más faltaba cuyos nombres no son tan ajenos a nosotros; uno se llama Rafael, y el otro de apellido, Pérez.Y son de paso traficantes de cocaína.
Vale leerse este thriller a lo Fonseca, sin retorcimientos de trama, una historia sencilla pero ejemplar-me refiero a la esencia literaria que corresponde, y en ningún caso al paradigma moral, supremamente amoral, nada edificante del personaje sicario- en su planteamiento algo esteticista, como siempre en Fonseca, que nos deja perturbados, con estos personajes suyos que igualmente son tan nuestros, pero totalmente educados y llenos de crudo cinismo como eruditos y cultores del cine, y por supuesto las infaltables mujeres. Oh! las mujeres...
El seminarista
Rubem Fonseca
La otra orilla
Editorial Norma
172 páginas.
$39.000
Joel Sánchez desarrolla en “el proceso creativo en la comedia” todo un texto pedagógico de especial interés para todos aquellos que tienen la fortuna de vivir del humor, cuando este ejemplar llego a mis manos y vi la tabla de contenido me imagine todo un ladrillo académico, solo para versados en las lides de la dramaturgia, pero que equivocado estaba, es una lectura amena que continuamente nos hace aflorar una sonrisa.
Joel Sánchez nace en Yaguajay municipio situado en la costa norte de la actual provincia de Sancti Spíritus, una región de Cuba llena de historia; desde pequeño destacaba por sus ocurrencias, su sangre ya destilaba humor y por esto al llegar a la universidad decidió( o decidieron las circunstancias) estudiar… agronomía y como el mismo lo reconoce este es uno de sus mejores chistes.
El autor antepuso al título la palabra librucho de por si despectiva, pero no se trata de una improvisación pues todo obedece a un plan maestro que impregna cada página con la personalidad de alguien que durante 20 años ha vivido de hacer humor y que durante los últimos 10 lo ha hecho casi a diario.
No solo se trata de la explicación “ilustrada” del proceso creativo, la dramaturgia de la comedia, su puesta en escena o el describirnos los mecanismos del humor, ya que sin ningún egoísmo Joel nos comparte sus vivencias, todo ese conocimiento obtenido por el diario trasegar de este oficio.
En otro aparte nos deslumbra con la siguiente afirmación: “poco a poco descubrí que en la comedia, el actor siempre sigue siendo actor y el personaje es solo un juego del actor, una máscara que tiene en la mano, que amenaza con colocársela, pero no se la llega a poner nunca” yo reprocho que no debería haberla resaltado con tipografía en negrita pues este conjunto de palabras brilla con luz propia.
Joel no trata de colocar una barrera entre su discurso y su propia persona como lo hace la mayoría con sus cátedras magistrales, al contrario se entrega tal como es, por los resquicios de sus palabras se cuela el ilimitado amor por su familia, su sencillez, la búsqueda por mejorar esta realidad absurda.
Para muchos este documento puede ser una transgresión al tratar de revelar los secretos de una profesión tan noble como antigua; y donde esta Joel…sentado en la silla de un parque entablando conversación con algún señor de cabello cano, en una tienda de barrio o viajando en algún bus municipal “estando siempre allí, mirando y bebiendo lo que allí se cuece”
Si se lee detenidamente este librucho, podemos sutilmente percatarnos qué clase de ser humano somos nosotros mismos, reímos de nuestras desgracias, de las del vecino, nos reímos porque vemos reír, vivimos inmersos en una presunta realidad sin percatarnos de la existencia de quienes desde el otro lado de la calle nos lanzan una mirada.
Proyecto Giroscopio realiza su primera convocatoria de cuento de ciencia ficción colombiana contemporánea. Todos los autores colombianos mayores de edad que residan dentro o fuera del país pueden enviar cuentos que se pertenezcan al género de la ciencia ficción en cualquiera de sus modalidades (Steampunk, Ciberpunk, Ucronias, Realidad bizarra, Space Opera, etc.)
Bases:
1. Los concursantes pueden participar con un único cuento cuya ... longitud sea de ocho a doce páginas tamaño carta. El texto debe estar escrito en interlineado doble y fuente Times New Roman a tamaño 12. Al final del texto se deberá añadir un perfil del autor de máximo 400 caracteres, que incluya: nombre, fecha y lugar de nacimiento, correo electrónico, publicaciones (si las hay), y número de contacto.
2.Los cuentos se deben enviar al correo electrónico proyectogiroscopio@gmail.com entre el 8 de Noviembre de 2010 y el 7 de febrero de 2011. Los correos deben tener un archivo adjunto en formato doc o rtf.
3.El texto presentado debe ser inédito, escrito en español y de total autoría de quien lo envía. No se aceptarán cuentos premiados o publicados en revistas, periódicos, libros o soportes virtuales.
4.El incumplimiento de cualquiera de estas condiciones hará que no se considere el texto para esta convocatoria.
5.Los autores que sean seleccionados cederán los derechos por una sola vez para su publicación, serán contactados para solicitar autorización de uso del texto y recibirán información sobre su publicación. Los autores se someterán al resultado de la convocatoria.
6.El envío de los cuentos implica la aceptación de todas sus bases.
http://proyectogiroscopio.blogspot.com/
Otros contactos:
carlos.sheol66@gmail.com
totoptero@gmail.com
proyectogiroscopio2@gmail.com
Tantas vidas y tantos momentos en La Colmena, todo girando en un café, en el de Doña Rosa para ser exacto, una hembra de modales pocos finos, y atravesada, eso sí, directa. Pero esa no es la cosa, la cosa está en Martín, Martín Marco, toda mi atención se la llevo este personaje... delgado, desnutrido, blanco, como si fuese un cadáver (esta es mi imagen mental), pendiente de lo que pasa en todo el ambiente literario, entregado a hacer sus versos, día y noche, alejado de la superficialidad, vagando por las calles en el crepúsculo, traductor de francés, con una hermana que lo quiere y un cuñado que lo detesta, aunque, al final del libro, el cuñado Don Roberto Gonzáles me alertó con su devoción (por decirlo así), o no sé, sí el pacto con su jefe fue por La Filo su esposa (hermana de Martín, claro está) o si es que le guardaba después de tanto tiempo de riñas un cariño a el pobre Martín (lo del cariño es una hipótesis, y lo de pobre Martín es algo, que donde él estuviera aquí, me mandaría para la mismísima mierda por tratarlo con compasión). Esa, es la Madrid de los días que acontece la Segunda Guerra Mundial, una madrid sucia, y llena de personas desaliñadas, y una que otra con aires de finura acompañada de un cigarro.
Martín Marco, como dice el mismo Camilo José Cela, es la abeja mas zumbona, y en efecto, toda la atención se centra en este chico. Pero tampoco quiero dejar atrás otras vidas -también interesantes- como la de Victoria, pobresilla de golfa (o puta como le decimos en Colombia) ennoviada con un tísico y dispuesta a entregarle todo a un viejo usurero con tal de salvarlo. El libro es rico en vocabulario, contiene mucha jerga de los años de la guerra, las gentes solían estar llenas de miserias y era evidente la falta de desarrollo económico, anque esto lo pudo inducir el conflicto.
Este libro es una sucesión de escenas, y también de tiempos, son tantas vidas y momentos juntos que si no se le entrega la entera atención a la lectura, al final, lograría confundir mucho mas a los lectores, mucho mas porque por tanto personaje es fácil y notoria la perdida de atención.
En las ultimas páginas del libro viene el censo de personajes, cosa que me parece básica, o no básica, que me parece primordial para el lector, ya que cuenta con más de doscientos sesenta personajes, por algo es una colmena. Lo explica así, el autor del libro. El libro fue galardonado en 1989 con el Nobel de literatura por su rica y creativa prosa, el autor, falleció el 17 de enero de 2002.
Twitter: @Riverprie
Este consagrado periodista, hace algunos meses sorprendió al anunciar su retiro del periodismo para dedicarse a su verdadera profesión, la literatura, como él mismo había afirmado en muchas ocasiones. Esta noticia para algunos fue lamentable, pero lejos de quedar en silencio, Gossaín aún tiene mucho para decir y en el mercado ahora circulan dos libros donde su voz está presente.

En primer lugar, un libro donde no es escritor sino fuente acaba de ganar el premio de Periodismo Planeta. Se trata de ‘Casi toda la verdad’, de la también periodista María Isabel Rueda, en donde Rueda entrevista Gossaín para meterse en la piel del periodista y los sucesos que él tuvo que presenciar desde su micrófono. El libro, no solo por Gossaín sino por los otros entrevistados promete ser un gran acierto editorial al permitir conocer la visión de los más influyentes periodistas del país en las ultimas décadas y como afrontaron momentos trascendentales de nuestra historia.
‘Casi toda la verdad’ llega de manera providencial a las librerías y se convierte en la antesala perfecta para conocer más a un Gossaín que lanza también su última novela. Con ´La muerte de bolatriste’, Gossaín, en uso de buen retiro, vuelve a la novela con la historia de la muerte de un joven a quien llamaban 'Bolatriste', y el asesinato de otro llamado Espinosa. Con un estilo que resalta el Caribe Colombiano, presente tanto en ‘La balada de María Abdala’ como en ‘La Mala Hora’, esta historia nos lleva por los terrenos de la nostalgia y la amistad bajo ese humor costeño que Gossaín maneja magistralmente.
De una historia simple se sirve Gossaín para entramar un relato acogedor y una postal caribeña: Un viejo vuelve a su ciudad, sesenta años después de los sucesos que narra, para reconstruir mediante sus recuerdos una época mejor en la que veía pasar las horas en la Heladería Cartagena con sus cuatro amigos de escuela. Una época donde aprendieron a bailar, conocieron a su primer amor y les rompieron para siempre el corazón.
La muerte de bolatriste’
Editorial Norma
$37.000
Alberto Rodríguez dispara cada cuanto en su computador. Es adicto a las palabras, al amor y alguna vez lo fue al cigarrillo. Su curiosidad mal sana le impide quedarse callado ante cualquier atrocidad. Habla, escribe y corrige. Lo vi alguna vez levitar en el humo que salía de su boca, tenía una idea, y como felino ansioso la escupió en aquel computador que ya no existe.
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Argumento de la novela:
La muerte de un pintor judío es investigada por un escritor sueco, el cual también es asesinado cuando realiza algunos descubrimientos en la ciudad de Santa María.
Un detective privado, próximo a El Mossad, se instala a investigar la historia de lo que sucedió en ese lugar.
Santa María es una ciudad al borde la frontera imaginaria entre Buenos Aires y Montevideo. Fue inventada por Juan Carlos Onetti para darle rienda suelta a sus personajes, con fines literarios.
La novela se desarrolla bajo el marco de novela policial, pero con el fin de tratar de reflexionar sobre el problema judío en el Río de la Plata, donde existe desde siempre un antisemitismo camuflado.
En el fondo los personajes se van a mover en un mundo hostil donde el autor desea rechazar las persecuciones de toda índole, que se realizan contra los seres humanos de todos los credos, religiones, ideologías o razas, lo cual es una constante hoy día en la tierra.
“El que los personajes de la obra sean judíos es un accidente, ellos podrían ser musulmanes, armenios, comunistas o cristianos, la denuncia es la persecución, la intolerancia en que los hombres viven, despertando odios innecesarios y ridículos entre ellos.”
El primer libro de la trilogía se llama Paloma Roja, y crea la acción del detective Martín, quien intentará resolver el caso, acompañado de Paloma su ex mujer. Juntos irán recorriendo el camino de la ciudad, y tratando de ser lo más objetivos posibles, en un mundo donde todo es imaginario y la objetividad es otra ficción, o un deseo como la perfección.
La novela se puede ver en Amazon y Lulu.com en los siguientes Link:
http://www.amazon.com/dp/b005ypiu6m
http://www.lulu.com/content/e-book/palomaroja/1170
Primer Capítulo de Paloma Roja.
Paloma Roja
Capítulo l
Un hombre con Fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal…
Juan Carlos Onetti fundador de Santa María
La caminata espacial fue como siempre tranquila; Venus estaba ahí, las tres Marías, la Cruz del Sur y la Vía Láctea. Tengo la completa seguridad que el espacio se ve igual desde aquí o desde la Luna.
Las luces de Santa María eran tan misteriosas como hace ciento un años. Los olores a Lavanda inundaban la cuadra como en el futuro lo harían los jazmines en el sur de España. El paisaje se había vuelto un cuadro, cuando al moverse unas nubes dejaron ver la luna llena sobre el mar del Sur. Prendí un cigarrillo para contemplar la noche con el aroma del tabaco negro. Se podía oler el mar cerca, llegaba la brisa salada desde la playa. Los astilleros cerrados estarían inundados. Me gustaba andar caminando por las noches por la rambla, cuando tenía algún lío para arreglar y cuando no tenía que hacer. Había dejado de fumar hace años, pero este hábito de fumarse un cigarrillo cada tantos días, era especial. Guardaba un paquete en la guantera del auto, donde duraban más de un mes.
En la esquina de mi casa pude observar desde lejos a alguien de pie. Al ir acercándome fui resolviendo la figura de una mujer alta, como de un metro ochenta. Estaba con un vestido largo, aunque no se distinguía el color, deduje vendría de una fiesta. Siempre me molestaba un poco o me ponía nervioso encontrar gente en la esquina de mi casa a altas horas de la noche. Más aún una mujer bien vestida, como esperando que la roben, de pie, sola, aguardando a alguien.
Ese alguien era yo. Cuando me vio me saludó desde la otra esquina con la mano. Yo debería conocerla porque ella si me conocía y tenía buena vista. Corriendo con esos tacones se iba a caer, pensé que iba a resbalar mientras corría hasta mi.
Cuando estaba a dos metros la reconocí, era Paloma, mi ex mujer y una gran amiga. Me abrazó llorando, no me decía nada y gemía sin consuelo. «Pensé que le habían lastimado».
-Le pregunté ¿si siempre se emocionaba de esa forma al encontrar viejos amigos?, pero ella lloraba, sus ojos que eran azul adriático estaban rojos.
-Me dijo que no tenía donde ir y que hacía horas me esperaba, me estaba buscando porque habían matado a Borg, su marido. Hacía poco tiempo había vuelto a casarse con un hombre mayor.
Paloma tenía el pelo negro, largo y ondeado, los ojos azules color Mediterráneo. La nariz era perfecta, sin ninguna cirugía, no la necesitaba. Los labios normales, tal vez no tenía labios mas gruesos, pero eran sin exagerar, salvo cuando los pintaba rojo chillón, sangre, bordeaux, casi negros.
Tenía treinta años y algo mas, yo creo que estaba en la mejor edad, de un metro setenta descalza y un metro ochenta con tacones. Tenía un tatuaje de un pez en el tobillo derecho en la parte de arriba, que siempre recuerdo. El pez era celeste, por eso pasaba desapercibido, nunca lo pude olvidar. Sus manos eran muy finas, parecía que hubiera tocado piano en la infancia, sus brazos parecían que hubieran bajado estrellas toda la vida.
Paloma era una mujer extremadamente aguda en su percepción de la vida como en sus definiciones. Esto le permitía a su corta edad, tener sentimientos más profundos de lo normal, recorrer otros caminos para averiguar dónde estaban las verdades. Su refinada figura, estilizada por una vida tranquila, hacía que los hombres se fijaran mucho en ella.
El crimen había ocurrido en las afueras de la ciudad, en la casa de campo de la familia de Paloma, en Lavanda… Llevaba solamente poco tiempo de casada y ahora esto. Ella no podía creer que fueran ladrones, habían entrado buscando algo, seguro creían que estaba en la casa. No se podía imaginar – ¿qué sería?
Isaac Borg era el marido de Paloma, un viejo escritor nórdico, del cual no se sabía si era sueco, noruego o finlandés, podría haber sido de cualquiera de esos países. Digo era, pues ya nos había abandonado en las tierras del señor, había venido a morir de Estocolmo a estas tierras tan lejanas del sur. Ella se había enamorado como suelen enamorarse algunas mujeres de hombres inteligentes y mayores, que contemplan además sus vidas cotidianas, con algo de sabiduría. Ella y la erudición, eran además la paz para algunos.
Katzenbach (1950), a quién me acerqué por primera vez hace un par de años a través de la brillante “El psicoanalista”, escribió La Sombra (Shadow man) en 1995, novela que le mereció ser nominado al premio Edgar Allan Poe de misterio y ficción, pero que, a mi humilde parecer, no es un texto grandioso.
La historia gira en torno a Simon Winter, un veterano ex policía de Miami que descubre cómo el asesinato de su vecina es parte de una larga serie de asesinatos ocurridos por primera vez en los cuarteles de la Gestapo en la Alemania del tercer Reich. Un personaje fuerte, con sus propias contradicciones y motivos que, sin embargo, no se desarrolla lo suficiente.
Que el personaje de Winter no brille como debería es culpa de una trama amorosa, a mi juicio innecesaria, entre otros dos personajes del libro, menos brillantes aunque necesarios, pero cuya historia no fascina ni se acopla bien al resto del relato.
El texto es sencillo y muy digerible para cualquier lector. La historia se desenvuelve con pesada lentitud en las primeras páginas pero produce una angustiante voracidad en sus últimos capítulos.
No es un gran libro para amantes del misterio, si tal vez para quienes disfrutan de las narraciones tipo periodismo judicial y los libros sobre persecuciones a la comunidad judía (no sobre la segunda guerra mundial, no confundir). En general “Shadow Man” es más una sombra de leve contraste frente a otros trabajos de Katzenbach. La comparación directa con El Psicoanalista resulta en una historia más bien mediocre, aceptable pero no terrible.
Terminé de leer el Hobbit por primera vez hace un mes. Ah, pero lo tengo fresco para una reseña. ¿Por qué? Porque los dos siguientes libros que he leído no han sido gran cosa. Pero de ellos hablaremos en otra oportunidad.
Se deduce que el libro es interesante de la pasada afirmación, ¿no? Si es muy interesante, pero no es lo que un amante de las películas de El Señor de los Anillos puede esperar. ¿Por qué? Bueno, basta de preguntas, voy a intentar ir despacio:
Cualquiera que no haya leído las obras de Tolkien antes de las películas de Peter Jackson, como en mi caso, seguramente habrá llegado a los libros gracias a los filmes (muchas gracias Hollywood, eres un buen promotor de libros). Tomé en mis manos “El Hobbit” luego de años de resistirme a la lectura desordenada de la obra del británico, promocionada por muchos “nuevos fans”, hijos de un fenómeno parecido al de Star Wars.
Seguro que todo eso contribuyó a que me generara una idea sobredimensionada de cómo me iba a resultar el libro, puesto que, como preludio a las exitosas películas (que muchos califican de muy fieles a los relatos), El Hobbit es menos ese gran "episodio I" y más un cuento muy agradable de leer. Estaba seguro de que encontraría acero, pólvora y algunas runas en las páginas del Hobbit, y los encontré, pero en una medida mucho, mucho, mucho menor. ¿El culpable? (no el cine, no el cine jamás...) tal vez las hormonas de un publico desesperado por consumir películas, secuelas, precuelas, semicuelas, seudocuelas y una que otra camiseta estampada.
A pesar de ello no estoy hablando de un libro decepcionante, ni de un mal relato. Es más bien un cuento agradable, más cercano a los cuentos infantiles de lo que podría acerarse nunca Harry Potter. Una prosa ágil y muy sencilla con poca pretensión, algo que me pone a pensar un poco en cómo será la continuación. Me resulta imposible imaginar un estilo narrativo similar en la saga de “El Señor de los Anillos” (habiéndo leído luego sobre el llamado a Tolkien de sus entonces editores a crear otra obra que continuara con "El Hobbit" pero con un lenguaje más adulto, entiendo la diferencia de relatos entre este libro y las películas).
De esta experiencia se pueden reflexionar dos cosas: el poder publicitario que para un libro tiene una adaptación al cine y, por otro lado, aunque un poco irónico, la capacidad alienante que dicha sobre publicidad produce en obras más pequeñas como El Hobbit, que no por ser "pequeñas" en pretenciones, son menos bellas o valiosas.
De cinco, cuatro merecidas estrellas. Sin lugar a dudas un texto que recomendaría a alguien que quiere apretar un libro entre sus manos por primera vez.
